Prólogo para La Mediación Social en la era de la globalización [1]
Written by Manuel Martín Serrano
May 21, 2010 at 05:48 PM
Resumen La Mediación Social
concurrió hace treinta años a los debates sobre los cambios previsibles de la
naturaleza, la sociedad y la cultura que transformarían a las sociedades
industrializadas en postindustriales. Son los movimientos históricos que han
alumbrando el presente y que seguirán orientando el futuro de muchas
generaciones. Por eso esta obra esclarece los orígenes de la globalización, sus
opciones y constricciones. Manuel Martín Serrano, autor del libro, relata en
este prologo cómo se llegó a saber que llegaba nuestro tiempo. El tiempo en el
que la acción que transforma el mundo, es inseparable de la información que lo
reproduce. Que es cuando las mediaciones sociales se han convertido en
prácticas generalizadas y predominantes y La Mediación Social en el paradigma
que las explica y hace operativas. El propio autor describe aquí por primera
vez, las relaciones que existen entre la naturaleza de esos cambios
sociohistóricos y la creación de esta obra teórica y metodológica.
Palabras
clave: mediación,
cambio social, globalización, información, organización social.
Lectora, lector:
Es tan grato como
infrecuente que un libro que se reedita treinta años después de su primera
aparición, esté a cargo del mismo editor y lo prologue su autor. Cuando Ramón
Akal -el editor- y yo mismo -el autor- preparamos la primera edición de La
Mediación Social vivíamos
una época que hacía posible un texto que teoriza los cambios históricos.
Entonces era el tiempo que ya estaba alumbrando estos nuevos tiempos; y ahora
esa teoría es verificable. Entre tanto La Mediación se ha establecido como un
paradigma en más campos de los que entonces eran imaginables y se utiliza cada
vez por más académicos, investigadores y profesionales. Esta edición reproduce
fielmente el texto original. El prólogo que sigue lo contextualiza: ni lo
rectifica ni lo glosa. Al relacionar en el año 2007 la creación teórica con las
transformaciones que han producido nuestras sociedades, nuevamente el pasado se
utiliza con el objeto de comprender mejor el presente y acertar un poco más al
enfrentarse con el futuro. Que es para lo que sirve este libro y todos los que
median, al aportar conocimiento que haga posible superar las limitaciones y
utilizar las capacidades.
1. El tiempo que estaba alumbrando nuestro tiempo
La Mediación Social es
un libro escrito de 1969 a 1975. Entre la Revolución de Mayo y el comienzo de
la crisis económica en las sociedades de consumo de masas [2]. Durante ese tiempo estaba llegando a término la
gestación de nuestro tiempo, pero todavía no había nacido. Fueron los años en
los que abundaron las previsiones referidas al cambio social y la mayoría de
ellas estaban equivocadas, tanto las que se tenían por conservadoras como por
progresistas. Se suponía que el futuro se estaba haciendo según los modelos de
las sociedades que a la sazón se denominaban "desarrolladas", "del bienestar", "de la abundancia".
Servían de referencia unas pocas naciones que la retórica de la guerra fría
calificaba como "occidentales". Eran los países más industrializados; tenían
instituciones democráticas; economías de mercado basadas en el consumo masivo
de bienes y servicios; y coberturas sociales para atender las necesidades
primarias de la población. Las mismas sociedades en las que habían aparecido
movimientos teóricos y políticos críticos, creativos e influyentes. Se
consideraban conquistas irreversibles los excedentes, el pleno empleo, las
prestaciones a cargo de los presupuestos públicos. Y también el debate teórico,
plural, sobre el estado y la construcción del mundo. Quienes inspiraron los
movimientos de Mayo del año 1968, querían reconducir esas dinámicas
socioeconómicas para satisfacer las necesidades materiales y culturales de "un hombre nuevo". Pero
daban por supuesto que se mantendría la capacidad de generar recursos y
servicios sociales. Y también quienes diseñaron en el Club de Roma los "escenarios del futuro"
basaban, por lo general, "el
crecimiento económico"en la expansión del mismo modelo.
El futuro de aquellas sociedades es nuestro presente y seguirá orientando al
porvenir de muchas generaciones. Las teorías que en aquel entonces hicieron
previsiones sobre las formas y las causas de los cambios sociales ahora pueden
validarse, verificando lo que se cumple y no se cumple con el paso del tiempo
[3].
La gran mayoría de las previsiones sobre el futuro de los países "del
bienestar" extrapolaron las dinámicas del cambio en estas sociedades como si
fuesen autónomas. Ciertamente, se sabía que el incremento de la abundancia y la
seguridad (en los países "desarrollados")
había provocado penurias e inseguridades (en los "subdesarrollados"). En cualquier caso se
esperaba un refuerzo de la posición preponderante que ocupaban "las sociedades occidentales" en
el mundo. En términos de economía política: ese escenario suponía que los
monopolios multinacionales siguiesen funcionando según su lógica
macroeconómica, a saber: que continuasen acumulando y concentrando los recursos
financieros; aprovechando y difundiendo las innovaciones técnicas; ampliando el
trabajo asalariado y el mercado. Está a la vista que se acertó en esta parte
del diagnóstico.
Lo que se pasó por alto fue que cuando se expandiese ese poder y control a escala
mundial, sería inviable que se mantuviese el modelo de "sociedad del bienestar".
En un escenario económico cada vez más global la protección asegurada, la
estabilidad del empleo, el desarrollo de las libertades individuales y de la
crítica social, se convierten en costos
que el capital no tenía ya necesidad de pagar para mantener la rentabilidad de
sus inversiones [4]. "Los
hombres -y mujeres- nuevos", están resultando ser quienes forman
parte de las inagotables cohortes de trabajadores, de trabajadoras, que se van
incorporando al mercado laboral en las economías emergentes, contratados con
bajos salarios y con escasas prestaciones sociales. Este resultado
deshumanizador advierte de la naturaleza solidaria, en todos los sentidos, del
término del bienestar y de la pobreza, de la libertad y de la opresión.
2. La teoría que permitió saber que llegaba nuestro tiempo
Los orígenes de la globalización, sus opciones y constricciones, se esclarecen
sabiendo por qué no se cumplieron ni las utopías contestatarias ni las
futurologías tecnocráticas que la precedieron. La Mediación Social contribuye a ese
esclarecimiento, ya que se trata de un libro sociohistórico. Lo es en dos
sentidos: primero, porque concurrió hace treinta años a los debates sobre el
estado y las transformaciones previsibles de la naturaleza, la cultura y la
sociedad. Y es sociohistórico, porque está escrito con plena conciencia de que
sus aciertos y errores iban a manifestarse al tiempo que el futuro se fuese
desplegando. Pero esas mismas características las tenían las obras que
permitieron saber que llegaba nuestro tiempo, publicadas con anterioridad por
autores que pertenecían a generaciones precedentes. Están mencionadas en el
texto y la bibliografía de este libro.
El debate sobre los modelos de sociedad y su futuro se inicia cuando concluye
la segunda guerra mundial (1944); alcanza su mayor influencia teórica y
política en la década de los sesenta y se extingue a lo largo de los setenta,
al tiempo que el neoliberalismo va reconvirtiendo la economía y las ideas. He
mencionado que fue una reflexión "crítica".
Y viene a cuento recordar que ese término significa desde entonces, una forma
de ejercitar el pensamiento. En concreto, el ejercicio de la razón para
identificar la irracionalidad, la falsificación y manipulación de los
conocimientos y de los sentimientos. Mecanismos que, para la crítica, son los
soportes del sectarismo, de la inhumanidad y degradación de las sociedades.
En el plano político, el pensamiento crítico se aplicó por igual a los dos
bloques enfrentados en la guerra fría. En el plano teórico, tomó en cuenta las
dimensiones antropológicas y culturales del cambio social. Promovió un
encuentro entre las ciencias del hombre, del conocimiento y de la sociedad, que
ni tuvo antecedentes ni después se ha repetido [5].
La economía política anticipa cómo serán las transformaciones de las sociedades
capitalistas, a partir de las regulaciones que caracterizan su funcionamiento.
El pensamiento crítico se ocupó de verificar si el estado al que habían llegado
las sociedades industrializadas y democráticas, se podía explicar utilizando
esas anticipaciones. Esta labor tuvo mucha importancia. Por primera vez se
comprueba la validez de una teoría del cambio en un determinado tipo de
sociedades (las capitalistas). Momento en el que los estudios sociohistóricos
se incorporan al conjunto de los trabajos científicos. De paso, la obra de Marx
se baja de los altares en los que aparecía satanizada o sacralizada, según la
secta ideológica a la que perteneciere el oficiante.
Los modelos de la economía política demostraron que tenían una enorme potencia
diagnóstica, en las sociedades industriales avanzadas. Predecían procesos
económicos y políticos y también muchas transformaciones de las ideas y de la
vida cotidiana. Pero al tiempo ponían de
manifiesto que los efectos de esos cambios en estas sociedades, no se
correspondían con lo previsto. Estos resultados de los estudios críticos
tuvieron mucho que ver con los derroteros intelectuales de las personas de mi
generación. Señalaré en este prólogo dos de esas discrepancias porque están
entre los estímulos que me movieron a escribir La Mediación Social.
Una. En las sociedades
industriales avanzadas se amplía la población que tiene conciencia de cuáles
son los factores que generan las desigualdades socioeconómicas. Y sin embargo,
las clases sociales afectadas por esas desigualdades se han integrado.
Estaba previsto y se cumplía que la expansión económica genera la necesidad de
facilitar el acceso a la educación y de capacitar técnicamente a los
trabajadores; y que expande las demandas de información y de bienes culturales.
Tal como se esperaba, estos avances sociales favorecían la difusión de "las críticas al sistema".
De hecho los análisis críticos de "la
sociedad de la abundancia" tenían un mercado, al que surtían la
industria editorial y en menor medida, la audiovisual [6]. Sin embargo esas posibilidades, nunca antes existentes, de
conocer el funcionamiento de la sociedad de clases, no estaba vigorizando la
conciencia de su condición entre los trabajadores. Tampoco tenía ese efecto la
incorporación de profesionales formados en actividades técnicas o
intelectuales, al contingente de los asalariados. Los politólogos
funcionalistas escribían que los trabajadores estaban integrados en la sociedad
de consumo e interesados en su mantenimiento. Y tenían razón [7]. En las
economías más avanzadas, las
reivindicaciones de las organizaciones obreras tenían como objetivo principal
conseguir una mayor parte del producto y no el derrocamiento del sistema
capitalista. Herbert Marcuse sacó la consecuencia: en las sociedades de consumo
ya no existía ninguna clase social que fuese revolucionaria. Los movimientos
progresistas (escribía Marcuse en los libros que cito) quedaban al cargo de
sectores de la población todavía no integrados en el aparato productivo, como
los estudiantes; o condenados a vivir subyugados desde el nacimiento, como las
mujeres. El análisis fue premonitorio: las movilizaciones que se sucederían
durante el año 1968 respondían a esas características. Los representantes de
las clases afectadas por las desigualdades sociales no se sumaron porque
entendían, con bastante realismo, que ya no se daban las condiciones para
abolir la explotación con una huelga revolucionaria. Aunque seguían manteniendo
las mismas ideas sobre cuáles eran los factores económicos que generan esa
explotación. Allí y entonces se quebró la teoría y la estrategia
revolucionarias que se tenían por válidas desde hacia más de cien años [8].
Dos. En las sociedades
industriales avanzadas se promueven comportamientos de consumo que tienen un
origen manipulado. Pero operan como coerciones existenciales y no sólo
ideológicas.
Era cierto que el mercado se estaba
ampliando ininterrumpidamente. Cada vez menos necesidades podían ser
satisfechas fuera de ese sistema de intercambio, en el que la orientación y el
contenido de las demandas están muy influidos por la publicidad. De este modo
los vendedores juegan en los dos campos, en el de la oferta y la demanda: al
tiempo proveen de los bienes y de los motivos para consumirlos. Dicho en otros
términos: el ajuste
"oferta-demanda" en la "sociedad de consumo de masas", se lleva a cabo en el
mercado pero no por el mercado. La demanda no refleja
necesariamente la utilidad (el valor de uso) que tengan los bienes para los
compradores, porque los intereses y las necesidades colectivas pueden ser
desviados. Por lo cual la formación de los valores de las cosas queda distorsionada.
Este mecanismo resulta embarazoso para quienes ven en el libre juego de la
competencia la forma más eficiente y justa de organización económica. Y le da
la razón a quienes señalan que en las sociedades de mercado, las personas ven
restringida su autonomía, no sólo para satisfacer sus necesidades, sino incluso
para comprender cuáles son. Escribían los humanistas de izquierda que viven "alienadas" (supeditadas
a los ajenos intereses y prescripciones) tanto cuando actúan como consumidores,
como cuando lo hacen como trabajadores.
Los libros que hacían de la escasez en "los
paraísos socialistas" una virtud, atribuían la alienación en "los países consumistas" a
la creación de falsas necesidades por la publicidad. Pero en realidad el
mecanismo era el inverso. Yo mismo venía mostrando que la publicidad aliena
porque ha aprendido a sacar partido de las verdaderas necesidades. Cuando las campañas publicitarias
consiguen que la posesión de determinados bienes, sean o no esenciales, se
vincule al logro de exigencias sociales ineludibles, el consumo de esos
productos cumple funciones adaptativas. Cada cual se juega en ello
la aceptación de los demás, en ocasiones, el trabajo o los ingresos, y siempre
la autoestima. Por ser comportamientos alienados tienen componentes ideológicos
que se relacionan con los intereses económicos que les manipulan. Pero por
estar condicionando la existencia, esos comportamientos se han vinculado con
las identidades de las personas y no sólo con sus autoengaños [9]. Cabe decir que
el consumo de masas "falsifica"
las identidades. Pero este cambio de nivel, lleva emparejado que el análisis de
las ideologías ya no explique casi nada, a menos que se incorpore a los
estudios antropológicos de la alienación.
3. Los cambios sociohistóricos que llevan al planteamiento de la mediación
social
Las sociedades capitalistas más industrializadas evolucionaban de la manera
contradictoria que había sido prevista por los teóricos de la economía
política. Pero al contrario de lo que se esperaba, la contradicción, en vez de
hacer inviable al sistema, lo reforzaba. La transformación del capitalismo
industrial en monopolista, estaba resultando ser mucho más que un aumento de
escala. Traía otras formas de organizar las relaciones sociales en todos sus
niveles, económicos, culturales, políticos. El análisis de cómo se había
llegado a esa situación ya estaba hecho en lo esencial -y muy bien hecho- por
el encuentro de teorías críticas que habían inspirado la revolución de Mayo.
Sin embargo no aclaraba el modo en el que los sujetos individuales y colectivos
resultaban afectados por los cambios y se implicaban en ellos. A mí me parecía
que estaban emergiendo nuevos procedimientos de control que hacían posible
utilizar las contradicciones para reproducir ese orden contradictorio. Quedaba
por averiguar cuáles eran y cómo funcionan. Y estaba por hacer el análisis
teórico de un fenómeno para el que la crítica no ofrecía explicación alguna.
Finalmente habría que preguntarse por las consecuencias a más largo plazo, de
un funcionamiento social que era capaz de generar transformaciones culturales
profundas, generalizadas y seguramente de operar a nivel antropológico.
Ese programa equivalía a una revisión del significado histórico que tiene, la
conversión de las formaciones sociales más industrializadas en monopolistas,
posindustriales, o como ahora se dice, "globalizadas".
El cambio de etapa iba reorganizando las sociedades e intervenía en su
funcionamiento, de formas distintas e incluso opuestas a las precedentes. Y sin
embargo era muy importante mostrar que los nuevos sistemas de control económico
y cultural estaban desarrollando la misma civilización que el capitalismo
inició cuatro siglos antes; y seguramente le iban a permitir perdurar durante
bastante tiempo.
En el marco de esta revisión histórica, los movimientos de Mayo pueden tomarse
como el hito que marca el paso a la actual etapa sociopolítica. Confluyeron el
socialismo antiburocrático, el pacifismo, el ecologismo, el feminismo, los
grupos que luchaban por la liberación sexual, entre otros. Las reivindicaciones
que se plantearon eran sin duda, revolucionarias. Y muchas se han incorporado a
la cotidianeidad, de tal manera que nuestra existencia ha quedado pautada por
ellas. Cabe citar la equiparación de hombres y mujeres; la separación de
reproducción biológica y sexualidad; el acceso masivo a la información y la
participación activa en la producción de materiales comunicativos. Pero esos
avances no sólo eran progresistas. Al tiempo eran necesarios y funcionales para
que el modo de producción capitalista siguiese su proceso histórico. Han
servido para que las sociedades más desarrolladas se desprendiesen de
tradiciones y valores propios de la era industrial, que se habían convertido en
trabas para la expansión del monopolio a escala global. Véanse algunos de los
efectos:
- Se amplía la masa de trabajadores, con "el
ejército de reserva" de las
trabajadoras.
- Se abarata el costo de reproducción de las nuevas generaciones de
asalariados/as. Son engendrados y criados en cantidades excedentes en los
países pobres, para ser luego exportados y explotados en los países ricos,
cuyas tasas de natalidad son deficitarias, como corresponde al elevado monto
que supone tener y educar hijos.
- El acceso del conjunto de las personas a las redes de información y
comunicación ha levantado las barreras que impedían la reproducción ampliada
del capital en estos sectores. Y al tiempo, permite la difusión a escala
universal de constricciones y controles que hacen posible la expansión del
capitalismo multinacional.
Los movimientos del año
1968, tienen el significado histórico de ser la última revolución progresista:
pero del capitalismo. Ciertamente había otras reivindicaciones,
como el desarme universal, la explotación ecológica de los recursos naturales,
la reducción del trabajo al tiempo socialmente necesario, que eran
incompatibles con los intereses de la naciente economía monopolista. Por eso no
se han conseguido.
El capitalismo industrial concluye sin haber cumplido con la utopía que le dio
a las revoluciones burguesas, su valor ético y empuje histórico. Que era el
empeño en instaurar una y la misma racionalidad para entender y explotar la
naturaleza, para organizar y dirigir las sociedades. En los términos que lo
proponía el iluminismo: quedaba por conseguir que la difusión y aplicación del
conocimiento ("las luces")
sirviesen al tiempo para liberar de la necesidad, de la opresión y de la
infelicidad. Escribía Marx un siglo después de las Luces que, muy por el contrario, las victorias
de la ciencia se estaban pagando con una pérdida de humanidad. Y los autores de
la escuela de Frankfurt, al tiempo iluministas y marxistas, mostraban que cada
vez la razón estaba más disociada: entre una racionalidad instrumental que
servía para dominar a la naturaleza y a los hombres, y otro raciocinio
humanista, que seguía reclamando esa promesa incumplida de liberación.
Racionalidad esta última que fundaba, al tiempo, la ética y el conocimiento
cuyos espacios de juego seguían reducidos a la crítica social y la creación
cultural. Esta denuncia de Adorno y sus compañeros de Escuela era dramática por
su lucidez: sabían que las transformaciones culturales iban a producirse cada
vez más entreveradas con el desarrollo de la economía capitalista; en consecuencia
servirían igualmente para el dominio y el negocio.
El diagnóstico de la Escuela de Frankfurt se convirtió en realidad, cuando las
inversiones de capital se dirigen al desarrollo del sector cuaternario. El uso
de los canales para las comunicaciones públicas y privadas; la información y
los productos culturales se constituyen en mercancías que tienen que ser
masivamente producidas y consumidas, para que restituyan amortizaciones y
aporten rentabilidades [10]. En consecuencia
el funcionamiento de la economía depende cada vez más de la utilización social
de la información y de la cultura. Por lo mismo, la actuación de las empresas
del sector, en su conjunto, se ha orientado a una reconversión del subsistema
cultural, que reduzca su autonomía con respecto al sistema general de
producción.Los
conflictos en torno a las representaciones del mundo, de la sociedad y del
conocimiento, se van solventando cada vez más con criterios de mercado. El
valor económico de las ideas depende de cuanto aceleren la renovación de los
bienes de consumo cultural. Consecuentemente se controla la difusión,
permanencia y relevancia de las corrientes de pensamiento. Por ejemplo, en los
medios de comunicación que pertenecen a las pocas empresas que se reparten el
negocio de la comunicación, la crítica cultural es una rama del marketing
especializada en la producción y el desecho de modas intelectuales. La
banalización de la cultura ya no sólo posee interés ideológico; además tiene
interés económico inmediato.
Como habían anticipado los autores de la Escuela de Frankfurt, en las
sociedades de la información y de la comunicación, el valor asignado a los
productos culturales se acaba fijando según su rentabilidad. Y a mí me parecía
que, en consecuencia, se necesitaba desarrollar otro modo diferente de hacer
crítica de la cultura.
Porque el problema ya no era que la producción general y la cultural siguiesen
funcionando de manera tan disociada. Por el contrario: los motivos de
preocupación derivan de que se estaban ajustando y comenzaban a evolucionar de
modo solidario.
Para operar con los valores culturales como valores económicos, las empresas
que controlan el sector están avocadas a suturar el corte entre la razón
instrumental que aplican en el mercado y la razón humanista que sigue siendo un
componente de la demanda informativa y cultural. Pero esta sutura se produce en
un sentido inverso al que habían pensado los Iluministas y exigían los
franfurktianos. En "las
sociedades de la información" se pueden subvertir las funciones esclarecedoras
que les corresponde desempeñar a la comunicación pública y a la obra de
creación. Sucede cada vez que coartan el ejercicio de la libertad o empobrecen
el conocimiento. Nuevamente se promovía la deshumanización desde instituciones
que están para humanizar: que son las que informan y socializan. Instituciones
controladas, nuevamente, por poderes políticamente opresivos y económicamente
desalmados.
Ese empeño se podía llevar a cabo de manera más rápida, generalizada y eficaz
que en cualquier época anterior porque existía la televisión. El primer medio
audiovisual que entra en todos los hogares, cuyo lenguaje pueden entender todas
las personas y permite incluir la interpretación que se quiere inducir, como un
componente de la información. Por lo tanto la televisión estaba desempeñando un
papel estratégico para instaurar el modo posindustrial de concebir el mundo.
Como cabía esperar, la televisión canceló la vigencia de los modelos de
personas y de comportamientos, establecidos durante la era de la industrialización;
todavía dirigidos por los objetivos de progreso de las revoluciones del siglo
XVIII y XIX. También era previsible una revisión a fondo de las teorías
sociales, que pretendiese extirpar cualquier vestigio de esas utopías burguesas
que se produjeron desde la Modernidad. Y así es como ha sucedido [11].
Cabía concluir que el capitalismo monopolista global tomaba el relevo; pero sin
hacerse cargo de los objetivos históricos que su antecesor, el capitalismo
industrial, no había alcanzado. En términos de análisis dialéctico: le negaba, no le había superado.
La crítica que había servido para comprender el desarrollo de las sociedades
industriales, estaba resultando inadecuada para explicar las nuevas formas de
funcionamiento de las posindustriales. Se necesitaba producir teoría
macrosociológica que al tiempo incorporase y transcendiese a las que ya había
cumplido tan brillantemente con su papel histórico. En lo que a mí me parecía
un extraordinario ejemplo de movimiento dialéctico de las ideas, la sociedad
había llegado al estado en el que una teoría social resulta confirmada y, al
tiempo, quedaba cancelada. Pocas generaciones han tenido la oportunidad de
enfrentarse con una labor de creación intelectual, cuyo horizonte se abre en el
tiempo tanto cuanto se prolongue la era del capitalismo monopolista a escala
global. La Mediación Social
tiene su razón de ser en el convencimiento de que se podía iniciar la nueva
reflexión sociohistórica. He intentado contribuir con la teoría que corresponde
a una etapa que presenta dos características:
- La contradicción
reproduce el orden contradictorio.
- La enajenación produce la
identidad.
En concreto este libro explica cómo y por qué se llevan a cabo tales dinámicas
y aporta la metodología que se requiere para que puedan ser investigadas. Y la
actual reedición aparece cuando esos procesos están consolidados. Lo cual
significa que los mecanismos mediadores han asumido en un tiempo muy breve el
papel que tienen reservado en la reproducción y en el control social. Concluiré
este prólogo refiriéndome a las razones de ese éxito.
4. El tiempo de la mediación social
- Cómo se produce que la
contradicción reproduce el orden contradictorio
Según El Capital
el sistema de producción capitalista puede funcionar y reproducirse en estado
de contradicción estructural, aunque sea generando las crisis periódicas de
sobreproducción. Pero desde que llegó la etapa del monopolio global en la que
ahora vivimos, las crisis han roto las barreras que las mantenían dentro del
ámbito del mercado y han inundado la cotidianidad. En ella se han instalado
como un estado permanente y no como un mero quebranto temporal. Porque las
crisis económicas se posponen, gestionan, enjugan, generando sin ininterrupción
reajustes macrosociológicos. Ya no hay tiempo para que se estabilicen los
cambios de los valores y la reorganización de las instituciones sociales, entre
ellas la familia y los sistemas educativos. Valores y organizaciones sociales
que están hechos para ser estables, se transforman en marcos de vida
temporales; concebidos para ser congruentes, evolucionan de manera asincrónica
y disonante.
La sociedad que así
funciona se mantiene porque posee sistemas de ajuste que hacen posible que los
actores sociales se adapten a vivir en estado de crisis permanente, sin
cuestionar al sistema global.
Los estados de crisis suelen estar pautados como la consecuencia inevitable de
las adaptaciones de la sociedad, a los avances tecnológicos continuos, que
supuestamente hacen posible el bienestar y las libertades. Como se da por hecho
que no existe alternativa a ese desorden social establecido, los desajustes
tienen que corregirse actuando sobre los sujetos. Así la existencia humana se
representa en permanente estado de excepción. Para hacer frente a las crisis se espera que cada
individuo "se cambie" cuantas veces sea necesario y tanto como resulte preciso.
De esta forma se manejan las contradicciones sociales como desajustes
individuales. Los conflictos que podían
enfrentar a los sujetos con las instituciones se transfieren a las relaciones
interpersonales.
Esta forma de control recurre a la mediación social. En este libro explico que
el ejercicio de la mediación supone el desarrollo de un sector productivo
dedicado al ajuste social, que son las instituciones mediadoras (por ejemplo
los asistentes sociales). Elaboran modelos mediadores (por ejemplo los
arquetipos que distinguen entre las personas normales y las neuróticas) y
fabrican objetos portadores de la mediación (por ejemplo los tranquilizantes).
Por lo tanto la mediación social opera a través de medios inmateriales y
materiales.
A las actividades mediadoras están destinados una parte importante y creciente
de los recursos sociales, que proceden de todos los orígenes: privado, público
y voluntariado. Las inversiones en infraestructuras, servicios y bienes para la
mediación social tienen un uso reproductivo, en la medida en que son necesarias
para que el modelo socioeconómico perdure. Y también resultan productivas como
cualesquiera otras inversiones.
La gestión del ajuste colectivo reproduce consensos al tiempo que produce
beneficios.
- Cómo se produce que la
enajenación reproduce la identidad
Los usuarios también invierten una parte de sus recursos en el equipamiento que
la mediación requiere; por ejemplo en aparatos audiovisuales e informativos.
Pagan o reciben gratuitamente la ayuda de mediadores especializados cuando se
enfrentan con derrotas, anomias o conflictos,
por ejemplo si de pequeños fracasan en los estudios, de adolescentes se drogan
o de adultos se divorcian. Pero
la mediación se utiliza en todas las situaciones cotidianas y no solamente
cuando hay que manejar una crisis; por todos los miembros de la colectividad y
no sólo por quienes están necesitados de apoyo.
La oferta mediadora está destinada sobre todo al consumo masivo y llega por los
cauces masivos de distribución. Principalmente se distribuye por dos conductos:
a través del mercado y de los medios de información a las masas.
- El mercado participa cuando el contenido mediador está soportado en un
producto material. Concretamente en los objetos que tienen un específico empleo
mediador (por ejemplo los periódicos impresos) y también en los que sirven para
cualquier otro uso que esté sujeto a ajustes sociales (por ejemplo la ropa).
- Los medios de información a las masas distribuyen textos e imágenes que, por
naturaleza, están mediados (por ejemplo cuando publicitan marcas comerciales o
programas políticos).
El consumo o la recepción que cumplen funciones mediadoras, les sirven a los
usuarios para informarse.
Es decir para saber cómo ser, estar y hacer, en consonancia (o en disonancia)
con lo que hay (y no hay) con lo que pasa (y no pasa). Por ejemplo con valores
y formas de vivir [12].
La economía de mercado prosigue con su inevitable misión de utilizar para un
uso económico todos los territorios y recursos existentes. La transformación de
los bienes de libre disposición en mercancías se corresponde, a nivel de las
mentalidades, con la identificación entre lo fabricado y lo natural.
El agua se embotella y se vende como "pura".
Los espacios inexplotados se urbanizan y se promocionan como "vírgenes". En este libro
se muestra que por primera vez en la historia los objetos (artificiales)
ocupan en las representaciones, el lugar de las cosas (naturales).
La forma en la que el mercado viene vinculando la naturaleza con la producción
supone una reconstrucción de la imagen del mundo. Una forma que se va
convirtiendo en el vínculo que las sociedades y las personas establecen con el
mundo. Tal identificación de lo que es natural con lo que es fabricado se lleva
a cabo por la concurrencia de dos mediaciones: una mitología que
sacraliza la recreación técnica de nuestro entorno y de nosotros mismos; y un
ritual tecnológico que nos implica como fieles y oficiantes de la
recreación [13].
La mitología de un mundo unificado por las técnicas y el mercado, es una utopía
burguesa que aparece en el Renacimiento. Pero es en nuestro tiempo cuando se
convierte en la representación de la realidad en la que vivimos. Precisamente
cuando ese modelo que explota la Naturaleza sin freno está mostrándose incapaz
de tener bajo control los desastres ecológicos y sociales que genera [14].
Es interesante examinar este ejemplo porque ilustra la capacidad de operar con
las contradicciones, que ha adquirido el actual sistema socioeconómico. Resulta
patente que el modelo de desarrollo económico vigente no está produciendo la
Naturaleza; en realidad ni siquiera logra reproducirla. Las consecuencias
derivadas del agotamiento de las energías no renovables y del cambio climático
estaban previstas desde mediados del siglo pasado en informes del Banco Mundial
y de las Naciones Unidas. Sin embargo la producción social de comunicación se
las ha arreglado para que los datos que ponían en entredicho la racionalidad
del modelo económico no afectasen a su vigencia. Y pienso que así seguirá
sucediendo, porque los mismos mecanismos mediadores están capacitados para
utilizar los efectos catastróficos como justificaciones del orden que los ha
producido. Lo más probable es que el sistema monopólico global salga reforzado,
aunque los desastres obliguen a rehacer el escenario y la representación.
Cuando escribo estas líneas, los países que más han contribuido a que el mundo
llegue a ser inhabitable, también comienzan a experimentar en su territorio,
sus poblaciones y sus economías, los costos de las políticas depredadoras que
imponen a escala global. Por lo tanto cabe esperar una reconversión del sistema
productivo y del mercado para el empleo de las innovaciones tecnológicas que
requiere el uso de energías renovables y no contaminantes. Transformación que
será antecedida por una crisis económica cuyo alcance y duración no pueden ser
previstos. Lo que sí se puede prever es que ese giro requiere desde ahora una
adaptación del mismo modelo mediador, para seguir legitimando la apropiación de
los recursos. Probablemente se sacará partido del discurso ecologista y
conservacionista, una vez mistificados.
La pretensión mítica de que pasen desapercibidas las diferencias entre las
cosas y los bienes, se puede relacionar con los intereses políticos y
económicos cuyas formas de actuación legitima. De este modo vienen a cuento los
análisis socioculturales de la economía política. Pero en La Mediación Social se
hace ver que los cambios en la explicación de lo que hacemos en el mundo y con
el mundo, proceden de la reconstrucción de la filosofía de la naturaleza y no
sólo de la ideología. En
otros términos: de la Filosofía de la Naturaleza salen las prácticas que la
transforman además de las ideas que la representan.
El modelo del mundo que ahora está vigente ha dispuesto de las herramientas que
necesita para presentar la Naturaleza recreada.
Son los instrumentos que operan con iconos. Los iconos son las imágenes de las
cosas a las que designan: objetos virtuales que pueden tomar el valor de las
cosas reales a las que sustituyen, porque sunaturaleza de producto fabricado puede pasar desapercibida
para quien las contempla. Como se sabe, el televisor ha sido el primer
instrumento que ha introducido en los hogares la recreación icónica del mundo,
hace solamente medio siglo. Desde entonces las imágenes ofrecen la posibilidad
de contemplar lo que existe aunque no pueda tenerse, lo que sucede aunque no
pueda ser presenciado. Es decir: la comunión con "la realidad" iconizada. Es
decir revestida, como todo lo que está prohibido, de atributos sagrados.
La función ritual de los
iconos, muestra toda su trascendencia ahora, cuando los instrumentos
informático-comunicativos, nos permiten manipular y utilizar las imágenes de lo
que no podemos utilizar ni manipular.
La ampliación de la realidad en la que vivimos con otro universo virtual, tal
vez sea el más trascendente y tal vez será el último, de los cambios con los
que el capitalismo ha transformado la historia de la humanidad. Amplía a una
escala hasta ahora desconocida nuestras capacidades intelectuales e
instrumentales de crear y utilizar la información. Esos logros están teniendo
algunas consecuencias que son indeseables. Por ejemplo es innecesario que el
disfrute perceptual del mundo, sirva para controlar el gozo libidinal. Es
revocable que el self-service de los iconos, lo pague la colectividad humana
con la expropiación del mundo natural, con la explotación que lo degrada y
acaba. Pero hay transformaciones de las capacidades referenciales y
comunicativas asociadas al uso de las innovaciones tecnológicas que no tienen
marcha atrás. En consecuencia resulta posible y necesario ampliar la perspectiva
de los análisis sociohistóricos [15].
Para bien y para mal, ya queda establecido que una parte de los actos
esenciales que conforman la vida cotidiana, se resuelvan por el recurso a la
acción indicativa (comunicativa) en vez de por el uso de la acción ejecutiva
(coactiva). Y que una parte creciente de las interacciones se trasladen del
espacio físico al virtual. En estos reacomodos de la acción yo he visto el
comienzo de un nuevo episodio de la sociogénesis y posiblemente a más largo
plazo, de la antropogénesis. Son transformaciones del medio que cambian los
factores de los que dependen el funcionamiento y la reproducción de las
sociedades. Las readaptaciones de la acción social se van a reflejar en la
organización y los comportamientos de los grupos y posiblemente, con el tiempo,
en la selección social de otros tipos diferentes de seres humanos.
Siendo así el tiempo en el que se vive, las ciencias humanas y sociales
necesitan un impulso teórico que les capacite para el estudio de las
dimensiones ejecutiva y expresiva de los comportamientos. Las relaciones que se
establecen entre unos u otros tipos de actos son el nexo que vincula las
ciencias de la comunicación con el resto de las ciencias de la conducta. Y las
transformaciones de la acción ejecutiva (coactiva) en indicativa (comunicativa)
son procesos evolutivos e históricos. Los primeros resultan esenciales para la
antropología humana y los segundos para la historia de las civilizaciones. Este
panorama teórico e investigador seguirá estando abierto mientras que sigan su
curso los cambios sociohistóricos que se describen en La mediación social. Y en
lo que a mí se refiere, ha orientado y ocupado una parte considerable de mi
obra [16].
5. El estudio de las mediaciones sociales
Acción, información y organización social, aparecen en nuestro escenario
histórico no sólo como dimensiones relacionadas sino, en ocasiones,
intercambiables. Porque el designio humano tiene ahora muchas más posibilidades
de mediar entre ellas. Está capacitado para operar indistintamente con la
acción que transforma, con la información que conforma y con la organización
que vincula. Los efectos de esas mediaciones pueden ser materiales, cognitivos,
institucionales. Pero las mediaciones desvían, disminuyen, anulan o eliminan
numerosas determinaciones que antaño constreñían la intervención de los agentes
sociales.
Las mediaciones sociales intervienen indistintamente en las acciones que
preservan el mundo o le ponen en riesgo, en las organizaciones que liberan u
oprimen, en las representaciones que humanizan o deshumanizan. La plasticidad
que tienen aumenta la incertidumbre a la hora de prever sus efectos. En
contrapartida, los estudios de la mediación cuentan con una ventaja que aumenta
su utilidad: las mediaciones sociales incluyen información que por lo general
se anticipa a los cambios. Pueden poner sobre aviso de dinámicas no deseables y
eventualmente contribuir a que se corrijan o eviten.
Cuando se investiga el papel que desempeña la información en el funcionamiento
de la sociedad y también de la Naturaleza, aparece como inseparable de la
acción que las transforma. Por eso es imposible la pretensión de explicar la
comunicación como una actividad autónoma. Y al contrario de lo que se quisiera
hacer creer, el incremento de la información que fragmenta nuestro conocimiento
en la existencia cotidiana, no está fragmentando la epistemología en un fluido
de discursos aislados. En realidad el estudio de la información contribuye en
nuestro tiempo como nunca antes lo había hecho, a encontrar los lazos que
relacionan los saberes de la Naturaleza con los de la Sociedad. Es incongruente
contraponer el dominio de las leyes con el de los significados, cuando la
Filosofía de la Naturaleza y la Antropología han dejado de ser saberes
disociados de las Ciencias socioeconómicas y de la Comunicación.
La capacidad de las actividades mediadoras para convertir lo particular en lo
general, para establecer y cambiar sin pausa ni criterio lo que es malo o
bueno, no cancela como a veces se lee, la validez del pensamiento y de la ética
que interrogan por la razón de ser de las cosas. Sucede precisamente lo
contrario. Los sistemas de ideas racionales y de valores comprometidos que
vienen desde la Modernidad, han hecho posible los estudios sociohistóricos y en
ellos se continúan. En realidad este es el tiempo en el que resulta más útil el
conocimiento que toma en cuenta los vínculos de lo particular con lo general,
para re-mediar
las mediaciones que fragmentan el saber y hacen del absurdo el sentido de la
vida cotidiana.
Ciertamente la mediación puede servir, como he mostrado, para actuaciones
ilógicas o contradictorias. Lo cual no impide que las actividades mediadoras
que funcionan de tal modo, sean representadas con modelos que describan y
expliquen lo ilógico. Las ciencias sociales y de la cultura se hacen con
métodos que permitan trabajar con la incoherencia sin hacerse irracionales,
operar con la contradicción sin hacerse contradictorios, interpretar la
retórica sin convertirse en retóricos.
Esas son las razones por las cuales en La
Mediación Social están integradas la teoría y la metodología. Es
reconfortante que cuando escribo este prólogo las técnicas hayan hecho mucho
más fácil de lo que lo era hace unos años, concluir con la absurda división
entre cuantitativistas y cualitativistas. Ambos acabarán reconciliados en lo
que les une, que es la aplicación de la lógica para hacer ciencia. Es un método
que desde que aparece en la primera edición de este libro, ha servido para
investigar los fenómenos que al
tiempo son cuantitativos y cualitativos, porque tienen dimensiones
subjetivas y objetivas; previsibles e imprevisibles; individuales y colectivas;
concretas y abstractas; universales y particulares; aplicables e inaplicables;
racionales e irracionales. Es decir: todos los fenómenos.
NOTAS
[1] Texto que prologa la reedición conmemorativa del 30º aniversario de La Mediaición Social,
obra publicada por primera vez en 1977 (M. Martín Serrano, 2008, Madrid, Akal).
[2] El diseño de las herramientas lógicas y estructurales antecede a la
redacción del libro, así como los primeros análisis de los medios audiovisuales
en los que tuve ocasión de aplicarlas. (Aparecen en 1970: Origen y situación, comportamientos,
perspectivas y valores de 2044 varones útiles para todo servicio.
Tesis de doctorado en Filosofía y Letras: Facultad de Filosofía y Letras,
Universidad Complutense Madrid; y en Análisis
del contenido de los programas de TV española. Poligrafiado.
Instituto Nacional de Ciencias de la Educación, Madrid). De este material
procede una parte de los datos empíricos que utilicé para mi tesis de Doctorado
de Estado en Estrasburgo, dirigida por el Profesor Abraham Moles. La tesis se
presenta en 1974 y en ella se da a conocer la primera versión de los conceptos
y modelos de la mediación. (L'Ordre
du Monde a travers la T.V. Structure du discours électronique.
Presses Universitaires, Lille, Francia. Publisher: Lille: Atelier de
reproduction des thèses de l'université de Lille III. Editada en 1979. OCLC:
31365749). En 1976 aparece el término "Mediación"
que había escrito para el Diccionario
de Ciencias Sociales (Instituto de Estudios Políticos, Madrid,
ISBN: 84-259-0434-X. Reeditado en 1988-1987 por Planeta Agostini, ISBN:
9508850051).
[3] Por lo general el estado de cosas se corresponde en poco con lo que estaba
previsto. Los pronósticos históricos son inseguros aunque resulten tan
necesarios. No hay metodología alguna que permita eliminar la incertidumbre que
existe, sobre cuáles serán los factores que concurran en los cambios de las
sociedades; ni se tiene la capacidad de controlar todos sus efectos. Y sin
embargo el empeño en prever el futuro posible a partir del estado presente es
una de las razones de ser para las ciencias sociales. Incluso los pronósticos
equivocados tienen importancia teórica y práctica, porque llega un momento en
el que sirven para entender las razones del error y así contribuyen al avance
de los estudios sociohistóricos.
[4] Como es sabido a partir de la crisis económica que se inicia en 1973, en
las sociedades más desarrolladas reaparecen las políticas neoliberales. Y se
aplican a la reconversión de los gastos sociales en inversiones que produzcan
beneficios. El denominado "capitalismo
con rostro humano" pasa a la historia como una quimera, no tanto
porque fuese un disfraz, como porque era intrínsecamente imposible que
cumpliese con las expectativas que se le habían asignado.
[5] Los encuentros que dieron lugar a análisis críticos se realizan entre
paradigmas. El psicoanálisis y el existencialismo se esclarecen con el
marxismo; cada uno de ellos con la antropología y la lingüística estructurales;
todos con la economía y la sociología políticas. En el plano de los métodos, el
estructuralismo recupera el formalismo lógico por obra de los antropólogos de
la cultura; la dialéctica hace otro tanto con el racionalismo iluminista, en la
obra de los franfurktianos.
Los lectores interesados pueden tener una visión detallada de esos encuentros
epistemológicos y de sus aportaciones a la teoría y la metodología, en Métodos actuales de investigación
social (Manuel Martín Serrano, 1978, reedición 1981, Madrid, Akal,
ISBN: 84-7339-406-2).
[6] Las agendas de los medios de comunicación y los catálogos de libros
publicados desde 1960 hasta 1973 en los países democráticos y desarrollados, se
podrían analizar para saber la importancia y el ritmo que adquirieron, la
producción de materiales cuyo contenido era la crítica al "modelo de sociedad". En
cuanto a España, no pertenecía por entonces a ese grupo de naciones. Por lo
cual los gobiernos de la dictadura franquista se sintieron poco aludidos, e
incluso legitimados, por las críticas y las revueltas en "las democracias occidentales",
tachadas de corruptas y materialistas. Pero al tiempo "los planes de desarrollo"
se aplicaban en transformar la economía española según ese denostado modelo
capitalista de mercado. Esta contradicción se reflejaba en los controles sobre
la producción y difusión de noticias y de ideas. En los medios de comunicación
masivos (Televisión, Radio, Prensa) se permitieron escasas referencias a los
movimientos sociales y aún menos a los contenidos de las críticas. En cambio
las editoriales gozaron de una permisividad errática y en algunos aspectos
sorprendente. Por ejemplo cuando muere Franco, España era el país en el que se
habían traducido y editado el mayor número de libros escritos por Marx y el
resto de autores pertenecientes a todas las corrientes del marxismo.
[7] La transformación de los profesionales libres en población asalariada,
llevó a acuñar el concepto de "trabajadores científicos y técnicos". Sin
embargo la mayoría de estas personas se sentían poco identificadas con los
"obreros" y todavía menos con los objetivos y las estrategias históricas de las
organizaciones sindicales y políticas que les habían representado. Los orígenes
y la vivencia de este desclasamiento y las consecuencias para la teoría del
cambio político, están investigadas y publicadas en el libro los profesionales en la sociedad
capitalista (Manuel Martín Serrano, Primera edición: 1977, Madrid,
Pablo del Río Editor, Colección Cuadernos de la Comunicación, ISBN:
84-7430-008-8. Segunda edición -corregida-: 1984, Madrid, Taurus, ISBN:
84-306-1214-9).
[8] La idea de Marcuse de que las generaciones jóvenes pueden ser quienes
promuevan los cambios sociales revolucionarios, por el hecho de no estar
todavía incorporados al funcionamiento de la sociedad adulta, resultaba
extraordinariamente heterodoxa. Sobre todo viniendo de uno de los autores que
mejor conocía los marxismos. A mí me pareció entonces y me sigue pareciendo,
que las personas jóvenes ocupan en la sociedad una posición que les capacita
para enfrentarse con el poder pero no para ser una alternativa de poder.
Debilidad que los movimientos juveniles progresistas comparten con otros
igualmente basados en una condición sociobiológica, como los feministas. Sin
embargo creo que Marcuse está en lo cierto, cuando señala que las
discriminaciones relacionadas con las edades y el sexo, pueden tener
consecuencias que lleven a cuestionar el funcionamiento del sistema social en
su conjunto. Esa es la razón por la que he investigado con asiduidad las
características y los cambios de las generaciones juveniles y siempre que he
tenido ocasión, también en las poblaciones de mayores; en los
hombres/versus/las mujeres. Los análisis de la mediación han resultado muy
útiles. (La bibliografía puede consultarse en http://www.mhe.es/martinserrano1).
A partir de esos trabajos, creo haber demostrado que las diferencias
sociobiológicas (edades, sexo, raza) están reforzando o recuperado funciones de
división social que las revoluciones burguesas habían atenuado. Siguen
reproduciendo la organización en clases, pero comienza a suceder que funcionen
con su propia lógica, cuando se analizan las explotaciones y discriminaciones
que han aparecido con la globalización. Los análisis detallados se encuentran
en varias publicaciones. Puede consultarse el capítulo "Los cambios históricos
y las transformaciones generacionales" (Manuel Martín Serrano, en Tezanos, José
Félix (ed.): Tendencias en
exclusión social y políticas de solidaridad, Madrid, Sistema, págs.
439-453, ISBN: 84-86497-65-5).
[9] Estos análisis sobre el funcionamiento de la publicidad fueron las primeras
investigaciones y los primeros trabajos que he publicado, cuando todavía era
estudiante. Se encuentran en la tesis de Licenciatura en Filosofía Ética y Publicidad
(inédita) que presenté en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid; en
varios artículos aparecidos entre 1964 y 1967, de los que todavía se recuperan
en las hemerotecas "Publicidad opulenta para subdesarrollados" (Manuel Martín
Serrano, 1965, Revista
Iberoamericana de Estudios Políticos, Madrid, nº 1, págs. 118-129)
y "Publicidad y Alienación" (ibídem,
nº 2, págs. 69-79). Años más tarde, vuelvo sobre el tema en el fascículo Publicidad y sociedad de consumo en
España (Manuel Martín Serrano, Madrid, Cuadernos para el Diálogo,
Colección Los Suplementos, 44 págs, ISBN: 84-229-7015-5).
[10] La Teoría matemática de la comunicación permite calcular el costo de la
información con independencia de cuál sea su contenido. De esta forma, por
primera vez, hay una unidad para establecer el valor económico de la
información. Un avance imprescindible para que los productos comunicativos y
culturales puedan ser manejados como mercancías. He analizado ese vínculo en
"La epistemología de la comunicación, a los cuarenta años de su nacimiento"
(Manuel Martín Serrano, 1990, Telos,
junio-agosto, Madrid, págs. 65-76. Disponible en: http://www.quadernsdigitals.net/index.php?accionMenu=hemeroteca.VisualizaArticuloIU.visualiza&articulo_id=4524).
También puede consultarse: "Los cambios en las funciones de la comunicación y
en el valor de la información" (1992, en Manuel Martín Serrano (coord.): "El
cambio social y la transformación de la comunicación". Número monográfico. Reis: Revista Española de
Investigaciones Sociológicas, nº 57, enero-marzo, págs. 13-20,
ISSN: 0210-5233. Disponible en: http://www.reis.cis.es/REISWeb/PDF/REIS_057_04.pdf).
[11] En esta época de reorganización del orden mundial, aparece una nueva
representación tecnocultural del cambio de la sociedad y de los sujetos
sociales. Otra vez se pone en juego el uso social del conocimiento y de la
cultura. Y nuevamente se disputa si deberá de basarse en las estructuras
antropológicas y sociales o en las tecnológicas. Los más reaccionarios
representantes de "la posmodernidad" se han encargado de intentar anular el
talante intelectual, ético y crítico, que a partir de la Ilustración, tiene por
necesaria la difusión del conocimiento racional para emancipar a los sujetos y
a los colectivos. Lo cual supuso el empeño por "desconstruir" -es decir demoler- las
teorías sociohistóricas.
Sobre el vínculo entre posmodernidad y control político y cultural en las
sociedades globalizadas, he publicado: "Para reconstruir el sentido que tiene
el intento de desconstruir las ciencias sociales" (Manuel Martín Serrano, 2006,
Revista Española de
Investigaciones Sociológicas, nº 114, abril-junio, págs. 137-152.
Disponible en: http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_114_071168343170030.pdf).
[12] El papel mediador que asumen los productos que circulan en el mercado
establece un vínculo, que puede ser profundo, entre el valor de los objetos y
la identidad de los consumidores. "La
imagen de los productos" es portadora de promesas de gratificación
y de modelos de seres humanos. Si como se dice, los objetos cosifican a los
hombres, sólo puede suceder porque los humanizamos. En realidad el uso de los
bienes naturales y fabricados para proyectar en ellos la visión cultural del
mundo y de nosotros mismos, es un mecanismo de transferencia que funciona en
todas las épocas. No está asociado a un tipo de sistema socioeconómico
determinado. La novedad
reside en que en las sociedades de mercado esas representaciones se producen.
La transferencia se programa y sobre todo tiene unos contenidos distintivos.
[13] Los procesos de mitificación y ritualización que recrean el vínculo de los
seres humanos con la naturaleza son operaciones de "mediación cognitiva" y de
"mediación estructural". Ambas concurren en las visiones mediadas de la
realidad que produce la comunicación pública. En este caso los procesos
mediadores operan con mitos y ritos que se han convertido en distintivos de la
cultura globalizada; y primordiales en la reproducción del actual orden
socioeconómico.
Los conceptos y modelos de la mediación cognitiva y estructural son desarrollos
de La mediación social.
Se pueden consultar en las sucesivas versiones de La producción social de comunicación (Manuel
Martín Serrano, Primera edición: 1986, Madrid, Alianza Editorial, Colección
Alianza Universidad. Segunda edición española y Primera edición mexicana: 1994.
En España: Alianza Editorial. En México: Alianza-Patria. Tercera edición
española: 2004, Madrid, Alianza Editorial, ISBN: 84-206-4192-8).
[14] La pretensión de construir un entorno controlado por las tecnologías,
poblado de objetos fabricados que ocupen el lugar de las cosas naturales, es la
versión que la burguesía le ha dado al mito de Prometeo. Esa desmesura se
refleja en las ideologías que legitiman desde los inicios de la revolución
industrial, las iniciativas de depredadores que obtienen beneficios de la
degradación de los ecosistemas y de la malversación de los recursos.
[15] La producción técnica del espacio comunicativo-informático hace posible
para la humanidad en su conjunto, la conquista referencial del mundo. Que
consiste en que cada persona pueda tener noticia icónica e inmediata de lo que
hay y de lo que pasa. La conquista referencial del mundo ha ido de la mano de
la material. Y ambas, culminan las revoluciones que derivan de la concepción
burguesa del progreso. (Véase
La producción social de comunicación, o.c.).
[16] La distinción entre la acción indicativa (comunicativa) y la acción
ejecutiva (coactiva) es un desarrollo de la Teoría de la mediación cuando se
utiliza para estudiar cómo funcionan los comportamientos. De hecho, esa fue la
tarea que continuó el trabajo epistemológico de La mediación social. En 1981 presenté el
modelo y la teoría de la comunicación en la que lo había aplicado (en el libro Teoría de la Comunicación.
Epistemología de la comunicación y análisis de la referencia.
Manuel Martín Serrano. Incluye tres capítulos escritos por Mª Antonia Arias,
Jesús Gracia y J.L. Piñuel. Primera edición en 1981. Reedición revisada: 1982.
Reimpresiones hasta el año 2002. Editorial Alberto Corazón. Colección Cuadernos
de Comunicación, Madrid. ISBN: 84 7053 229-4. Existen reimpresiones en México,
Perú, Cuba, Honduras, Colombia).
He continuado estudiando hasta ahora, los orígenes paleontológicos y los
cambios históricos en el uso de la comunicación, versus de la acción ejecutiva.
Los resultados están publicados en el libro Teoría
de la Comunicación. La comunicación la vida y la sociedad (Manuel
Martín Serrano, 2007, Madrid, Mcgraw-Hill, ISBN: 978-84-481-5609-1).
PARA CITAR ESTE TRABAJO EN
BIBLIOGRAFÍAS:
MARTÍN SERRANO, Manuel (2007): "Prólogo para La Mediación Social en la era de
la globalización", Mediaciones
Sociales. Revista de Ciencias Sociales y de la Comunicación, nº 1,
segundo semestre de 2007, pp. 1-24. ISSN electrónico: 1989-0494. Universidad
Complutense de Madrid.