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Si ustedes leen la prensa económica de mayor
difusión en España (incluyendo las secciones económicas de los cinco rotativos
más importantes del país) apenas verán artículos que tocan las causas reales de
la Gran Recesión, es decir, la enorme polarización de las rentas que ha
ocurrido en la mayoría de países de la OCDE, y muy en particular, en EEUU, como
consecuencia de la aplicación de las políticas liberales iniciadas por el gobierno
federal de EEUU del Presidente Reagan y por el gobierno Thatcher de Gran
Bretaña, y continuadas por los gobiernos de Bush padre, de Clinton y de Bush
hijo en EEUU, y de Tony Blair y de Gordon Brown de Gran Bretaña, así como por
los gobiernos de Lionel Jospin en Francia, Romano Prodi y Silvio Berlusconi en
Italia, Gerhard Schröder y Angela Merkel en Alemania, y José Mª Aznar en
España, así como por los dirigentes de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao
Barroso y por el equipo económico de tal Comisión liderado por el Sr. Pedro
Solbes (como Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios). Estas políticas
incluían; 1) la reducción de impuestos y gasto público; 2) la desregulación de
los mercados laborales, comerciales y financieros, y 3) la reducción de los beneficios
sociales y laborales. Cada una de estas políticas contribuyó a la enorme
polarización de las rentas, beneficiando las rentas del capital a costa de las
rentas del trabajo. La evidencia de ello (ignorada cuando no silenciada en
aquellos medios de información) es abrumadora (ver Navarro, V. (ed.)
Globalization, Neoliberalism and Inequalities. Baywood. 2008).
En realidad, hay que remontarse a
los años posteriores a 1929 (del crash de Wall Street) para encontrar
polarizaciones de renta tan acentuadas como ahora. En 1979, el uno por ciento
de la población que pagaba impuestos en EEUU recibía el 8% de la renta
nacional. Tal porcentaje había subido en el año 2007 a un 18% de la renta
nacional. Y si se incluyen las rentas recibidas por aquel 1% de la población de
renta superior, como consecuencia de su propiedad de acciones, los porcentajes
aumentan de un 10% en 1979 a un 23% en el 2007. Existe una enorme concentración
tanto de la renta como de la propiedad, en los sectores superiores de renta del
país, alcanzando una polarización sin precedentes desde la Gran Depresión.
¿POR QUÉ EL INCREMENTO DE LA
POLARIZACIÓN?
Las escuelas económicas dominantes
han explicado esta polarización de las rentas como resultado de dos hechos. Uno
es la introducción de nuevas tecnologías en la actividad económica, que ha dado
mayor valor al conocimiento y a las cualificaciones de los trabajadores. En
este escenario teórico, el incremento de las rentas superiores se percibe como
consecuencia de la importancia que adquiere la formación de los trabajadores en
una economía necesitada de personal cualificado. Todo el proyecto
intelectual-político de establecer la "sociedad del conocimiento" (promovida
por la estrategia de Lisboa del año 2000) estaba basado en esta interpretación
de la realidad. Puesto que a mayor educación/formación, mayor salario, había
que invertir en educación y formación. Era un esquema fácil de entender y fácil
de llevar a cabo. Según tal argumento, lo que tenía que hacerse para disminuir
las desigualdades sociales y prevenir la exclusión social era dar formación a
la fuerza laboral. Este mensaje ha sido muy poderoso en estos últimos años.
La segunda explicación que se ha
dado de la creciente polarización de rentas era el fenómeno de la
globalización, que estaba relacionada con la explicación anterior. Los
trabajadores no cualificados en los países ricos competían con los trabajadores
no cualificados del tercer y cuarto mundo, forzando sus salarios y condiciones
de trabajo a la baja. Esta situación ocurría bien a través de la globalización
de la actividad económica (incluyendo la deslocalización de las empresas,
trasladándose a países del tercer o cuarto mundo) o mediante la movilidad
internacional del trabajo, es decir, la inmigración. Según tal explicación, la
globalización ha llevado a un empobrecimiento masivo de los sectores laborales
de escasa formación, distanciándose sus rentas de los sectores laborales
cualificados menos afectados por tal fenómeno de la globalización.
LA DESPOLITIZACIÓN DEL FENÓMENO
ECONÓMICO
A primera vista parece que ambas
explicaciones son creíbles: parecen razonables. Ahora bien, el problema que
tienen es que ambas explicaciones despolitizan lo que es un fenómeno
profundamente político. Asumen que la importancia del conocimiento y de la
globalización como factores causantes de la enorme polarización de las rentas
(y de la propiedad) son factores exógenos a la sociedad (algo que viene dado de
fuera de la propia sociedad) sin que se vean consecuencia del desarrollo de los
conflictos internos existentes en cada sociedad. Tales argumentos representan
la apolitización del fenómeno económico, lo cual es un obstáculo para entender
lo que ocurre en la sociedad y, poder intervenir para cambiarla. Tanto la
introducción de nuevas tecnologías como la globalización, ocurren dentro de
contextos políticos específicos que configuran cómo, cuándo y con qué
consecuencias ocurre cada uno de estos fenómenos. En otras palabras, tales
fenómenos no son las causas de la polarización de rentas sino los síntomas de
unas relaciones de poder, que son las causas reales de tal polarización. Veamos
los datos.
La reducción de las desigualdades
de renta en EEUU que tuvo lugar desde los años treinta a finales de los años
setenta fue resultado de la fuerza del movimiento obrero en aquel país. Fue en
los años treinta cuando se estableció el movimiento sindical (apoyado por la
Administración Roosevelt primero y la Administración Truman después) que
organizó, en los años cuarenta y cincuenta, a la mayoría de los trabajadores industriales,
la fuerza mayor dentro del movimiento obrero. Más tarde, el movimiento de los
derechos civiles en los años sesenta, y los movimientos feministas, así como el
movimiento ecologista en los años setenta y ochenta forzaron cambios, no sólo
políticos, sino también económicos tales como la prohibición de la
discriminación de raza y de género, así como la inclusión de los costes de
destrucción del ambiente como factor evaluador de las políticas públicas. Todas
estas medidas fueron opuestas por el mundo empresarial que tuvieron que
aceptarlas, por fin, a regañadientes, aunque nunca acabaron de incorporarlas
completamente en sus prácticas empresariales. Aprovecharon cualquier resquicio
en las leyes y prácticas federales para no llevar a cabo su puesta en marcha y
desarrollo.
En realidad, la respuesta
neoliberal de los años ochenta fue la respuesta del mundo empresarial a las
conquistas sociales del mundo del trabajo, que habían conseguido toda una serie
de conquistas sociales y laborales en la época 1930-1970, alcanzándose en 1979
la menor polarización de las rentas que EEUU conoció desde los años treinta. La
respuesta empresarial se inició ya durante la Administración Carter, cuando su
ministro de Economía, el Sr. Volker, inició una recesión como manera de reducir
el poder sindical. Las políticas de Carter fueron continuadas y aumentadas por
Reagan. Tales políticas representaron un ataque frontal a los movimientos
obreros y a los movimientos sociales, y se presentaron bajo el argumento de que
eran necesarias para mejorar la eficiencia de la economía. El descenso del
salario mínimo, la desregulación de los mercados de trabajo, la desregulación
del comercio, la privatización de los servicios públicos, y el aumento de la
regresividad fiscal, eran presentadas como necesarias para recuperar la
eficiencia de la economía; en realidad estaban orientadas a debilitar al mundo
del trabajo. Y todas ellas contribuyeron a incrementar las rentas del capital a
costa de las rentas del trabajo, causando un enorme crecimiento de la
polarización de las rentas. La manera como se utilizaron las nuevas tecnologías
y como se realizó la globalización era consecuencia directa del enorme dominio
del capital que diseñó tales políticas públicas con el fin de incrementar su
poder y sus rentas a costa de las rentas del trabajo. Y esto ocurrió en ambos
lados del Atlántico, alcanzando su máximo desarrollo en EEUU, donde la enorme
debilidad del mundo del trabajo y de las izquierdas (en ningún país de la OCDE
las izquierdas son tan débiles como en EEUU), ha sido devastador para la
calidad de vida de las clases populares. Es importante señalar que el objetivo
teórico de tales reformas no se alcanzó. Antes al contrario, la eficiencia
económica del periodo 1980-2004 fue menor que la del periodo 1950-1980. Pero
aumentar la eficiencia económica no era la causa real de tales políticas. La
causa real era aumentar las rentas del capital a costa del trabajo y esto es lo
que lo consiguieron, incluso a costa de crear la crisis mundial.
http://www.sistemadigital.es/News/ItemDetail.aspx?id=1941
4 de noviembre de 2009
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